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Día Mundial del Ajedrez: inclusión, aprendizaje y comunidad

• En el Día Mundial del Ajedrez, BioCórdoba celebra una herramienta que trasciende el juego y se convierte en una política pública de inclusión, aprendizaje y encuentro.

• A través del Programa de Ajedrez Social, niñeces, jóvenes, personas mayores y personas con discapacidad encuentran en cada tablero un espacio para desarrollar habilidades, fortalecer vínculos y construir comunidad. 

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Cada 20 de julio se celebra el Día Mundial del Ajedrez, una fecha impulsada por la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) y reconocida por la UNESCO para destacar el valor universal de una disciplina que, desde hace más de quince siglos, trasciende fronteras, idiomas y generaciones.

En Córdoba, el ajedrez forma parte de una historia centenaria. Hoy, el Ente Municipal BioCórdoba proyecta esa tradición a través del Programa de Ajedrez Social, una política pública que acerca este juego milenario a barrios, escuelas, organizaciones sociales y espacios comunitarios, promoviendo la inclusión, el aprendizaje y la participación.

Mucho más que un juego

Cada movimiento en una partida implica observar, analizar, planificar y tomar decisiones. El ajedrez estimula la memoria, fortalece la concentración, desarrolla el pensamiento lógico, fomenta la creatividad y enseña a resolver problemas desde la reflexión antes que desde la impulsividad.

Pero sus beneficios no son solamente cognitivos. También invita a escuchar, respetar reglas compartidas, aceptar los errores como parte del aprendizaje y comprender que cada decisión tiene consecuencias. En un tablero desaparecen las diferencias de edad, condición social o experiencia: todos juegan bajo las mismas reglas y cada partida comienza con las mismas oportunidades.

Por eso el ajedrez se consolida como una herramienta educativa y social que promueve la convivencia, el diálogo y la construcción colectiva.

A mí me gusta destacar el pensamiento crítico y la imaginación. El ajedrez, junto con la lectura, la música y el arte, ayuda a que los seres humanos seamos más humanos. Eso es lo que más me atrae del ajedrez, expresa Carlos Barrionuevo, profesor del Programa de Ajedrez Social del Ente Municipal BioCórdoba.

Carlos Barrionuevo, profesor del Programa de Ajedrez Social del Ente Municipal BioCórdoba.
Carlos Barrionuevo, profesor del Programa de Ajedrez Social del Ente Municipal BioCórdoba.

Un legado que abrió camino

La historia del ajedrez cordobés también fue construida por mujeres que abrieron camino para nuevas generaciones de jugadoras y contribuyeron al desarrollo de esta disciplina en la provincia.

Siempre hubo mujeres que jugaron. Incluso en los años 40 vino la alemana Sonja Graf, que era la número dos del mundo y disputó un torneo en el Club Atlético Belgrano, recuerda Barrionuevo.

La visita de Sonja Graf en 1942 marcó un hito para el ajedrez cordobés. Considerada una de las mejores jugadoras del mundo y subcampeona mundial, fue la figura central del primer torneo internacional organizado en Córdoba por el Club Atlético Belgrano. Finalizó en el segundo puesto, detrás de Eduardo Bautista Secchi, y su participación jerarquizó la competencia, proyectando a la ciudad dentro del escenario ajedrecístico nacional y visibilizando el ajedrez femenino en una época en la que la disciplina estaba mayoritariamente integrada por hombres.

Décadas más tarde, ese camino continuó con Edith Soppe, Maestra Internacional Femenina, tricampeona argentina, campeona panamericana en 1980 y representante olímpica de la Argentina en cuatro oportunidades. Además de sus logros deportivos, dedicó gran parte de su trayectoria a la enseñanza y al fortalecimiento del ajedrez cordobés.

“Edith Soppe dejó un enorme legado, que luego continuó Liliana Burijovich, quien fue cinco veces campeona argentina y hoy sigue jugando en un gran nivel”, destaca Barrionuevo.

Ese legado continúa vigente en Liliana Burijovich, cinco veces campeona argentina, Maestra Internacional Femenina y representante argentina en nueve Olimpíadas de Ajedrez, consolidándose como una de las principales referentes del ajedrez femenino del país.

Edith Soppe
Edith Soppe

El ajedrez como herramienta de inclusión

Ese es el espíritu del Programa de Ajedrez Social de BioCórdoba, que desde hace años desarrolla actividades abiertas y gratuitas para acercar el ajedrez a personas de todas las edades.

Los encuentros, talleres y torneos reúnen a niñeces, adolescentes, personas adultas, personas mayores y personas con discapacidad, demostrando que el ajedrez es un lenguaje universal capaz de adaptarse a múltiples contextos y convertirse en una experiencia accesible para todos.

Cada uno enciende la llama del ajedrez y busca dónde jugar, con quién compartir una partida y a quién enseñarle. De chico yo quería enseñarle a todo el mundo porque era el único que sabía jugar y necesitaba tener con quién hacerlo, expresa Barrionuevo.

Cada tablero se transforma así en un punto de encuentro donde el aprendizaje colectivo vale tanto como el resultado de la partida.

Una tradición que forma parte de la identidad cordobesa

El vínculo entre Córdoba y el ajedrez tiene una larga historia. Los primeros campeonatos provinciales registrados se remontan a 1929 y, desde entonces, figuras como Eduardo Bautista Secchi, Luis Marcos Bronstein, Guillermo Soppe y Raúl Monier consolidaron a la provincia como una de las principales plazas del ajedrez argentino.

La ciudad también recibió la visita de campeones mundiales como Robert Fischer, Anatoly Karpov y Garry Kasparov.

“En 1997 vino Garry Kasparov, campeón del mundo. Uno de los momentos más recordados fue la partida que disputó con Guillermo Soppe, considerado el mejor jugador surgido de nuestra ciudad, quien estuvo muy cerca de ganarle”, recuerda Barrionuevo.

Otra figura clave fue el gran maestro austríaco Erich Eliskases, quien eligió Córdoba para vivir y dedicó gran parte de su vida a enseñar y difundir este deporte.

Dejó una huella muy profunda porque enseñó muchísimo ajedrez, dio conferencias, clases y contribuyó a difundir este deporte en Córdoba, señala Barrionuevo.

Hoy, esa tradición continúa acercando el ajedrez a nuevos públicos y fortaleciendo su dimensión educativa y comunitaria.

Erich Eliskases
Erich Eliskases

Un tablero que construye comunidad

Actualmente, el crecimiento de la disciplina también se refleja en el interés que despierta en escuelas, clubes y espacios comunitarios de toda la ciudad.

Hoy vivimos un verdadero boom del ajedrez. Hay torneos para todas las categorías y un gran movimiento de ajedrez social que lleva el juego a escuelas, clubes y centros comunitarios. Nos sorprende ver cómo crece en cada barrio, destaca Barrionuevo.

En BioCórdoba, el ajedrez representa mucho más que un juego de estrategia. Es una propuesta que promueve la igualdad de oportunidades, el aprendizaje permanente y el encuentro entre personas de distintas generaciones.

Cada actividad organizada por el Programa de Ajedrez Social reafirma que el conocimiento también puede construirse jugando y que una partida puede ser el comienzo de nuevos vínculos.

La llama del ajedrez aparece cuando personas de todas las edades se encuentran para jugar. Y cuando un niño descubre el juego, muchas veces ya no lo abandona: busca dónde jugar, con quién compartir una partida y seguir aprendiendo. Eso es lo que queremos ofrecer desde BioCórdoba: más espacios de encuentro a través del ajedrez, concluye Barrionuevo.

En este Día Mundial del Ajedrez, BioCórdoba celebra una práctica que sigue creciendo en la ciudad y demuestra que el verdadero valor del juego trasciende el resultado de una partida: está en cada vínculo que se construye, en cada conocimiento que se comparte y en cada comunidad que encuentra en un tablero un espacio para aprender, encontrarse y crecer.

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